viernes, 28 de septiembre de 2007

UNA CAÍDA

Recientemente hicimos una salida con mis pupilos a los alrededores de la comunidad, luego de las amenazas de rigor abandonamos la escuela he iniciamos nuestra aventura, misma que culminaríamos escalando un pequeño monte al frente de de la escuela, todo se desarrolló normalmente hasta la subida al monte, en la cima de aquel hay una pequeña meseta donde los niños se esparcieron como hormigas, éramos tres secciones y los niños corrieron a su gusto, el saldo… dos niños rodando al bajar, fui premiado, los dos de mi grupo, por suerte no paso de un susto.


Parece que lo estoy viviendo ahora, voy cayendo, no siento miedo ni siquiera eso, es un vértigo, trato de cogerme de algo, pero todo es inútil, finalmente mi cuerpo se detiene. Lo último que recuerdo es a mi madre acercarse a mí, levantarme y limpiar la sangre de mi barbilla.Esto pasó cuando tenía casi cuatro años y vivía en un cerrito del cono norte, en la casa que habitamos antes de mudarnos a la casa donde vivimos ahora. Mi padre se negó ha quedarse en la casa de sus suegros y decidió iniciar mi historia en zona muy humilde. Aunque solo viví cuatro años en aquel lugar, tengo curiosos recuerdos: un gato plomo, un jardín, un amigo de mi edad y su hermana bailando un trompo, un vecinito mayor al que le tirábamos piedras, un corral y en el un cerdo de color blanco, un ómnibus que tomábamos siempre para salir y para volver, una película de zombis en la casa de una señora, pues nosotros no teníamos, en fin.La casa fue vendida, el gato se perdió al llegar a la nueva casa, el cerdo fue sacrificado, y eso que me colgué del cuello de mi tío, a mi amigo no lo volví a ver más, pero nunca olvido su nombre, aquello viejos buses ya no circulan más. Mis hermanas desconocen esto, ya sea porque eran muy pequeñas o porque nacieron en la casa grande.

- Profesor, mi hijita tiene pesadillas, por la caída.
- No se preocupe señora, ya se le pasaran.


Aunque a mi todavía no se me pasan.
Beto

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